Un político, miembro de la comunidad, fue invitado para dar un breve discurso.
Como el político tardaba en llegar, el sacerdote decidió decir unas palabras él mismo, para llenar el tiempo:
-Mi primera impresión de la Parroquia la tuve con la primera confesión que me tocó escuchar. Pensé que me había enviado el Obispo a un lugar terrible, ya que la primera persona que se confesó me dijo que había robado un televisor, que les había robado dinero a sus padres, había robado también en la empresa donde trabajaba, además de tener aventuras sexuales con la esposa de su jefe.
También en ocasiones se dedicaba al tráfico y a la venta de drogas. Y para finalizar, confesó que le había trasmitido una enfermedad venérea a su propia hermana.
Me quedé asombrado, escandalizado y asustadísimo...
Pero cuando transcurrió un tiempo, fui conociendo más a la gente y vi que no eran todos así. Hallé una parroquia llena de gente responsable, con valores, comprometida con su fe.
Y así he vivido los 25 años más maravillosos de mi sacerdocio.-
Justamente en este momento, llegó el político, por lo que se le dio la palabra.
Por supuesto, pidió disculpas por llegar tarde y empezó a hablar diciendo:
-Nunca voy a olvidar el primer día que llegó el Padre a nuestra Parroquia. De hecho, tuve el honor de ser el primero que se confesó con él.-
MORALEJA: ¡No llegues tarde!


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